Crear un ashram en tu casa ( reflexiones sobre el yoga durante COVID-19 y el confinamiento)

 

Este año teníamos previsto ir a un ashram en Kerala, en el sur de la India, en agosto, durante tres semanas.  Debido al Covid-19, como mucha gente, hemos tenido que cancelar nuestros planes de viaje. El año pasado tuvimos la oportunidad de ir a un ashram en Rishikesh, en el norte de la India, y fue una experiencia muy enriquecedora.

Tomar parte de un retiro espiritual hizo realidad un sueño que había tenido durante muchos años. Nuestra estancia consistió en seguir una rutina diaria que incluía: dos clases de yoga, hacer meditación temprano por la mañana y por la tarde, escuchar y aprender el pensamiento y la filosofía de los gurús. Además, conocimos gente con quienes compartimos nuestra pasión. Todo ello, en un entorno espiritual al lado del Ganges, el río sagrado, con la frondosidad de la vegetación tropical y con la compañía añadida de familias de monos que corrían y jugaban a nuestro alrededor. Para culminarlo, cada tarde las lluvias monzónicas refrescaban el ambiente y nos daban un respiro del calor sofocante.

Estos días de confinamiento y aislamiento he pensado mucho en el ashram, casi como si hubiera sido un “entrenamiento” para el periodo COVID-19. Un cierto aislamiento de la sociedad, el silencio, la disciplina y la introspección son algunas de las similitudes que yo he podido reconocer y replicar para llevar bien el encierro.

Por lo tanto, sigo la rutina de levantarme a hacer una práctica de yoga, meditación y canto cada mañana y, también, cada tarde/noche. El teletrabajo me ha facilitado seguir esta rutina.

También, he puesto dedicación en comer ligero y sano, me he abstenido del alcohol y he compartido la vida familiar, pero sobre todo, durante este tiempo he podido estar conmigo misma para practicar la introspección. A diferencia de las religiones occidentales, las religiones orientales enseñan que uno tiene dentro todo lo que necesita y hay un infinito de paz, amor y harmonía que podemos alcanzar.

La práctica del yoga, la meditación y los cantos espirituales nos llevan a esta paz interior. De esta manera, cuando nos pasan cosas que son dolorosas o complicadas que perturbarían nuestra esencia, estamos más preparados para mantener la tranquilidad y aceptar las situaciones.

Durante el confinamiento he practicado el agradecimiento a las cosas realmente importantes de la vida:

  • Sobre todo, valoro la salud porque ella me permite disfrutar plenamente de mi vida, en contraste con la tristeza de la pandemia. Quiero disfrutar la vida.
  • Aprecio, especialmente, el amor de mi familia y de mis amigos, pues nos hemos apoyado mutuamente, me he sentido amada y me han permitido amar. Amar es la solución.
  • Diariamente he meditado y he practicado yoga liberando las tensiones del cuerpo, manteniendo su fuerza y flexibilidad, lo cual, me ha aportado sensación de bienestar y tranquilidad. Voy a recordar la importancia de la conexión entre mente y cuerpo.
  • Me conecto con la infancia y con mi imaginación mediante actividades creativas que me ofrecen mundos paralelos: coser, dibujar, escribir, pintar, tocar un instrumento. El encierro me ha dado la oportunidad de reconectar con mis recursos creativos. El fluir del arte hace que el tiempo se pare.
  • Estar a gusto en el entorno donde vives es fundamental para que todo lo anterior sea más fácil. La pandemia nos ha recordado la importancia de las personas con quien compartimos el hogar, la luz natural, el espacio abierto, la comunidad en la que vivimos y la proximidad a la naturaleza. Elegir un lugar acorde con mis valores me da la seguridad para abrirme a las oportunidades.

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